“Moneda digital” es quizás la clave cuando hablamos de la famosa y aún pendiente “criptomoneda” del Estado chino. Para muchos, las criptomonedas son algo más que tokens virtuales basados en criptografía: son descentralizadas, por lo que este proyecto del gobierno chino sería tan solo dinero fíat en versión digital. Pero lo cierto es que aún no se saben todos los detalles.

Para enero de 2016, el Banco Popular de China (PBOC), ente financiero central del país, anunció por primera vez sus intenciones acerca de crear su propia moneda virtual. [SMCP] El año anterior, la moneda fíat por la que más se intercambió BTC fue el yuan, con nada menos que un 80% de las transacciones totales. [Quartz]

Y, aún a la fecha, China es uno de los mayores centros de minería a nivel global: no extraña entonces que su gobierno, bastante reconocido por crear sus propias —y censuradas— versiones de las páginas, redes y apps más usados a nivel global, decidiese también ponerse a la tarea de construir su propio token.

Las investigaciones chinas sobre la tecnología blockchain empezaron tan temprano como el 2014 y desde entonces parecen haber avanzado al punto de contar con su propio Centro de Investigaciones de Monedas Digitales desde 2017 y aprobar en octubre de 2019 una ley a favor de la criptografía (aunque no de la descentralización). [DFFYW]

Por otra parte, el gobierno prohibió desde 2017 cualquier actividad de los cripto-exchanges en el país; [BBC] e inclusive se consideró en 2011 y en 2019 prohibir la minería de criptomonedas. [Wired] En la misma línea hostil, la Administración del Ciberespacio de China (CAC, por sus siglas en inglés) aprobó a inicios de 2019 el Reglamento de gestión de servicios de información de blockchain, el cual obliga a las empresas que ofrecen servicios con blockchains a censurar contenidos, aparte de administrar el registro de identidad de cada usuario.

Este comportamiento dista mucho de lo visto en el mundo descentralizado de las criptomonedas, por lo que la moneda digital china, denominada DC/EP (moneda digital / pagos electrónicos), no puede considerarse del todo como tal.

¿CBDC con criptografía?

Más que una “criptomoneda”, podemos considerar al DC/EP como una CBDC, es decir, una Central Bank Digital Currency (Moneda Digital de Banco Central); tal como las definió en 2018 el Comité de Pagos e Infraestructuras de Mercado (CPMI).

En su informe, se dice que las CBDC son “una forma digital de dinero del banco central que es diferente de los saldos en las reservas tradicionales o cuentas de liquidación”. Pueden o no contar con su propia cadena de bloques para funcionar y existen dos tipos clasificados por el CPMI.

Las CBDC mayoristas serían tokens virtuales destinados en específico al sector público y privado, con unos pocos figurantes autorizados de por medio, para la realización de pagos mayoristas y la mejora en “la eficiencia de liquidación para transacciones que involucran valores y derivados”. Por otra parte, las CBDC minoristas no estarían restringidas a entes oficiales o corporativos, sino que serían una alternativa al efectivo para todos los ciudadanos en cualquiera de sus compras.

Los esfuerzos de China parecen estar encaminados a ese segundo tipo de CBDC, incluyendo criptografía en el proceso. Es bastante probable que tenga su propia blockchain, pero esta vendrá completamente controlada por el gobierno.

Para 2018, el PBOC aseguró no tener prisa en el desarrollo de esta moneda. Sin embargo, los dos años siguientes serían un despertar al respecto.

Dos grandes amenazas sobre China

En junio de 2019, el gigante estadounidense Facebook anunció algo que encendió las alarmas de muchos reguladores en todo el mundo y también del gobierno chino: la criptomoneda Libra.

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Este activo sería emitido y administrado únicamente por un consorcio distribuido, conformado por Facebook y empresas de la talla de Visa, Mastercard, PayPal, Spotify y Coinbase. Eso sumado al hecho de que su principal vía de comercio sería el propio Facebook y la app de mensajería WhatsApp —los cuales cuentan con unos 2.500 millones de usuarios en todo el mundo— fue casi una declaración hostil en directo para China.

Wang Xin, director de la oficina de investigación del PBOC, comentó lo siguiente al respecto en julio de 2019: [SMCP]

“Si la moneda digital Libra está estrechamente relacionada con el dólar estadounidense, podría crear un escenario en el que las monedas soberanas coexistirían con las monedas digitales centradas en el dólar estadounidense. Pero en esencia habría un jefe, que es el dólar estadounidense y los Estados Unidos. De ser así, traería una serie de consecuencias económicas, financieras e incluso consecuencias políticas internacionales”.

La Libra se convirtió en una amenaza para la soberanía económica de China, así que el desarrollo de su propia moneda digital regresó con mucha más fuerza.

No mucho después, para diciembre de ese mismo año, otra gran amenaza se cernió sobre este país y luego sobre el mundo entero: la epidemia —y en 2020 pandemia— por el nuevo coronavirus (COVID-19) que inició en la provincia china de Hubei.

De pronto, el efectivo en sí mismo se volvió peligroso debido a la posibilidad de contagio por contaminación. Los métodos de pago sin contacto se han vuelto cada vez más necesarios, y si bien, el COVID-19 pareció retrasar durante un tiempo la llegada del DCEP, ahora parece haberla acelerado al punto de tener ya listo un producto viable para el público.

Avances acelerados de los CBDC

Hay que decir que, para agosto de 2019, a solo dos meses del anuncio de la Libra, el PBOC ya había iniciado las pruebas piloto necesarias para su CBDC.

De acuerdo a un reporte de Forbes, las empresas Tencent, Union Pay y Alibaba, junto al Banco Agrícola de China, el Banco de China, el Banco de Construcción de China y el Banco Industrial y Comercial de China, uno de los bancos más grandes del mundo por activos totales; serían las primeras instituciones en recibir y utilizar esta moneda.

En el transcurso de este 2020, a pesar de estar luchando contra la pandemia, el PBOC y sus empresas aliadas se han tomado el tiempo de realizar más pruebas con el DC/EP en ciudades como Shenzhen, Suzhou, Xiong’an y Chengdu. Asimismo, entre las empresas involucradas figuran China Telecom, China Mobile, China Unicom, Jinfeng Catering, Jiankun Catering, Kaili Hotel, Oscar Studios y hasta las occidentales McDonald’s y Starbucks.

Todo indica que esto ha dado como fruto una app desarrollada por el Banco Agrícola de China, mediante la cual ya sería posible convertir el renminbi (RMB) a yuan digital y de allí transferirlo a una cartera DC/EP propia. Este token estaría respaldado en una relación 1:1 con la moneda de curso legal y, para su uso, requeriría de fuertes controles KYC (Conocimiento del Cliente) y AML (anti-lavado de dinero).

Usabilidad y preocupaciones

Si bien, en principio, solo bancos y grandes empresas de telecomunicaciones lograron tener acceso al DC/EP, eso ha cambiado rápidamente. A la fecha, la moneda digital china se ha probado en compañías relacionadas con hostelería, restaurantes, supermercados, transporte, construcción, comercio electrónico y hasta cines.

Según un funcionario del PBOC, cuando lleguen las Olimpiadas de Invierno de 2022, el token será ampliamente utilizado. Por otro lado, como indica una nota reciente de Forbes, la app del DC/EP podrá llevar a cabo transferencias offline, no generará intereses, será utilizada solo para pagos y proveerá de acceso instantáneo al PBOC por cuestiones de impuestos, incluso en áreas rurales.

Esa es una de las grandes preocupaciones —cuando menos en Occidente— acerca de esta moneda digital: la privacidad. Un informe del exchange Binance con los datos disponibles del DC/EP para agosto de 2019, reveló que, pese a diseñarse como “anónima” desde la perspectiva de los usuarios, en realidad todos los datos de esta moneda podrían ser visibles para el gobierno, que también podría congelar la cuenta en caso de considerar que las transacciones son sospechosas.

Más allá de eso, también surgen inquietudes sobre su estatus legal y monetario a nivel internacional. En China se estableció que será por completo equivalente al yuan y, por tanto, de curso legal; pero es probable que no todos los países acepten esto. Especialmente no Estados Unidos, quien se encuentra en plena guerra comercial con China.

Ahora bien, según el estudio sobre las CBDC del CPMI, una de las preocupaciones más importantes respecto a esta clase de monedas (aún teóricas por una razón), es la ciberseguridad y la robustez de la tecnología empleada.

“Las amenazas cibernéticas, como el malware y el fraude, son riesgos para casi todos los sistemas de pago, compensación y liquidación. Sin embargo, plantean un desafío particular para las CBDC de propósito general, que están abiertas a muchos participantes y puntos de ataque. Además, el efecto potencial del fraude podría ser más significativo debido a la facilidad con la que grandes cantidades podrían transferirse electrónicamente”.

Es bien sabido que la blockchain no es una tecnología muy estable aún, pese a los 10 años transcurridos desde su primer uso con Bitcoin. Esta última, hasta la fecha, es de hecho la criptomoneda más segura, y aun así los hackers han encontrado su oportunidad en los distintos exchanges, mucho más fáciles de atacar que el blockchain en sí mismo.

Esperar que el DC/EP no tenga debilidades tan solo después de 4 años de investigación y menos de uno en pruebas, resulta algo poco probable. Quizás por eso Yi Gang, gobernador del PBOC, mencionó en una entrevista este 26 de mayo que no existe aún una fecha determinada para el lanzamiento de esta moneda. [Global Times]

Hipótesis a futuro

Hay que mencionar que aún no existe ninguna CBDC en todo el mundo. Los potenciales riesgos y requisitos (monetarios, legales e informáticos) parecen ser demasiados como para que los bancos centrales salten de la investigación a la acción ahora mismo.

Sin embargo, podemos recordar dos antecedentes que quizás no pueden ser considerados como CBDC, pero que sí intentaron ser algo idéntico. A través de ellos podemos darnos cierta idea de lo que quizás sucedería en esta época con el DC/EP.

Hablamos de dos intentos de monedas digitales gubernamentales en dos países distintos: Ecuador y Venezuela. Para 2014, el primero de estos países prohibió las criptomonedas para poder lanzar una propia. De forma un tanto apresurada, ese lanzamiento se realizó, aunque sin los resultados esperados. El Estado abrió opciones para gastar la moneda digital, pero los ciudadanos simplemente prefirieron la moneda fíat y obviaron casi del todo usar la nueva.

El gobierno de entonces claudicó y volvió a permitir las criptomonedas para enero de 2018. A la fecha, pocos recuerdan la iniciativa de moneda digital estatal en Ecuador.

Venezuela es un caso aún más particular. Precisamente en 2018, el régimen liderado por Nicolás Maduro lanza su propia “criptomoneda”, el Petro (PTR), la cual sería de curso legal en el país. Desde entonces ha tenido poco uso, cero salida internacional y parece solo ocasionar problemas a sus tenedores; muchos de los cuales ni siquiera han podido gastarla.

Ni siquiera ante los recientes precios inflados de la gasolina en el país, pese a las peticiones de pagarla con PTR, el régimen planea enfocarla en algo realmente útil. Se sospecha con fuerza que, ante la caída de Maduro y todo su gabinete (ya acusados de narcoterrorismo), el PTR simplemente desaparecerá porque no cuenta con verdaderos fundamentos monetarios ni tecnológicos.

Como podemos notar, estas dos iniciativas de moneda digital pública han fracasado con estrépito. ¿Está el DC/EP condenado al mismo destino? Considerando que en él se ha invertido mucho más tiempo y nacerá en las entrañas de un gobierno comunista propenso al control y la censura, resulta incluso posible que se vuelva una herramienta común entre los ciudadanos chinos.

Asimismo, si se lanza apresuradamente, es muy probable que llegue a sufrir uno o varios hackeos destinados a robar tanto fondos como información de los usuarios.

No obstante, tal como ha sucedido con el Petro, su uso internacional puede verse bastante limitado debido a las relaciones tensas de China con Estados Unidos y a la preocupación de reguladores de todo el mundo acerca del impacto monetario y legal de las CBDC.

Parece que aún pasará mucho tiempo antes de que este tipo de herramientas encuentren un camino seguro hacia la masificación.