Milton Group: la gran estafa mundial con criptomonedas

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“¿Quieres invertir poco y duplicar tus ganancias en un día? Pregúntame cómo”. Este es un tipo de publicidad bastante presente en las redes sociales y, en especial, en Facebook. La idea de multiplicar nuestro dinero de manera fácil, sin hacer apenas nada, resulta hipnótica; pero en casi todos los casos se trata tan solo de una fantasía diseñada para robar a los más vulnerables.

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Así lo prueba una vez más la investigación recientemente publicada por el Proyecto de Denuncia de Delincuencia Organizada y Corrupción (OCCRP), una organización sin fines de lucro que ha colaborado, a su vez, con distintas organismos y medios en varios países para exponer a la firma fraudulenta Milton Group y la red de estafa global con criptomonedas que han venido manejando desde hace tres años.

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Operando bajo nombres falsos como Cryptobase, CryptoMB y VetoroBanc, la metodología de esta presunta empresa de inversiones consiste en esparcir publicidad en las redes sociales sobre esquemas para hacerse rico rápidamente a través de la inversión en la bolsa de valores y en criptomonedas. Una vez que usuarios interesados dejan sus datos para saber más, empiezan a ser inundados con llamadas telefónicas al respecto.

Tras ser convencidos, deciden probar con pequeñas inversiones en la plataforma de la empresa, donde pueden ver que su saldo, tal cual lo prometido, se duplica con asombrosa facilidad. Entonces continúan invirtiendo más y más, animados por los teleoperadores. Muchos de ellos incluso llegan a hipotecar sus casas o pedir grandes préstamos bancarios, con la esperanza de que sus fondos se dupliquen de manera tan asombrosa como están viendo.

Pero todo es mentira. El saldo que pueden ver no son más que números en la pantalla y eso solo logran confirmarlo las víctimas cuando intentan retirar sus supuestas ganancias. Casi ningún retiro prosperó, y cuando lo hizo, fue tan solo para generar la suficiente confianza en un cliente que podría invertir mucho más.

El equipo de retención

Las víctimas más prometedoras y quienes comienzan a tener problemas para retirar son manejados por el “equipo de retención” de Milton Group, diseñado para extraer más dinero con amenazas y presión psicológica. Usando falsos avisos y documentos de distintas entidades, como bancos y reguladores financieros, informan a los usuarios que deben pagar una cantidad absurda de impuestos u otros “gastos legales”.

Asimismo, las víctimas comienzan a recibir llamadas de supuestos abogados que les ofrecen hacer los trámites para recuperar su dinero —a cambio de otra tarifa, por supuesto. En última instancia, incluso son convencidos de instalar un software de monitoreo en sus computadores; según la firma, para ayudarles con las transferencias y procesos necesarios.

Aunque en realidad dicho software incluye un plugin de Google Chrome que permite falsificar páginas web legítimas, con la intención de engañar a los usuarios para obtener sus credenciales bancarias y las claves de sus carteras digitales.

De esta manera, tan solo el agente estrella del equipo de retención, apodado “William Bradley”, ingresaba 5.4 millones de dólares anuales al Milton Group. En total, únicamente desde un Call Center ubicado en Kiev (Ucrania), lograron estafar unos 71.5 millones de dólares durante 2019. Si la cifra fue similar en los dos años anteriores, el total asciende a 214.5 millones de dólares; aunque no ha podido calcularse el total exacto de las pérdidas.

Tras bambalinas

Toda esta historia logró saberse gracias a uno de los empleados del Milton Group en el Call Center de Ucrania, quien decidió filtrar toda la evidencia a los medios y autoridades. El Milton Group funcionaba desde el piso de un edificio de oficinas en Kiev, equipado con todo lo usual para cualquier Call Center.

Pero este es diferente, pues está fuertemente vigilado por cámaras de seguridad y guardias corpulentos; y los teléfonos personales no están permitidos. Adentro trabajaba todo un ejército de operadores en varios idiomas, incluyendo inglés, ruso y español. Otra particularidad lamentable del Call Center es que todos los trabajadores sabían muy bien que su trabajo era, básicamente, robar a todas las personas que pudieran para alcanzar su meta mensual de “ventas”. Y obtenían bonos extras si lograban que sus clientes depositaran los fondos en criptomonedas, ya que son más difíciles de rastrear.

Incluso contaban con instrucciones sobre cómo hablar con las personas según su nacionalidad. Así, por ejemplo, dictaban que los escandinavos son mayormente “personas viejas que realmente necesitan a alguien con quien hablar” y los británicos, australianos y neozelandeses “parecen saberlo todo del mundo y su gran ego (…) la única manera de lidiar con estas personas es no discutir con ellos en cualquier dirección que tomen y hacerlos sentir que son inteligentes”.

De la misma forma, contaban con un manual para lidiar con las excusas de los clientes; incluyendo “no tengo dinero”, “no tengo tiempo”, “no estoy interesado”, “no estoy trabajando” y “cuál es la garantía de la recepción de ganancias”. Cada sección contaba con su propio guión para convencer a las víctimas de invertir, sin importar su situación actual.

A fines de 2019, para celebrar el éxito de la compañía, se ofreció para todos los empleados una fiesta lujosa donde se repartieron premios a cada uno, yendo desde efectivo hasta autos para los mejores “vendedores”. El miembro del equipo que planeaba filtrar la información logró grabar algunas partes de dicha fiesta con una cámara oculta.

Los culpables

Por desgracia, las autoridades continúan intentando rastrear a los culpables tras la gran estafa del Milton Group, que ha dejado víctimas en quiebra en casi todos los continentes, incluyendo América Latina.

Alexey (seudónimo), quien delató las actividades de la firma, asegura que el dueño es David Todua, un ciudadano israelí de 38 años nacido en Georgia. Este hombre fue invitado a la fiesta de fin de año y llamado por todos “padre” del negocio. Asimismo, es dueño confirmado de la compañía chipriota Nespay, responsable por los pagos con tarjeta de crédito que hicieron las víctimas al Milton Group.

No obstante, Todua negó toda afiliación con el Milton Group y no se ha podido probar que él es el dueño. En papel, quien ocupa esa posición es Irakli Dadivadze; individuo del que no ha podido rastrearse ningún dato. Entretanto, el CEO del grupo fraudulento es Jacob Keselman, quien se ha negado a responder varias preguntas de la investigación. En cambio, suele aparecer en las redes junto a autos lujosos, paisajes y algún arma ocasional.

Por otra parte, parece que el Milton Group también posee un gran número de Call Centers en Albania, Georgia y Macedonia del Norte. Y resulta digno de mencionar que, a su vez, Todua tiene conexiones y hace o ha hecho negocios con varios ministros y funcionarios políticos provenientes de distintos países.

Entre ellos se cuenta Davit Kezerashvili, ex ministro de defensa y ex jefe de la policía financiera de Georgia; Gia Getsadze, ex viceministra de justicia en Georgia y Ucrania y Petre Tsiskarishvili, ex ministro de agricultura de Georgia.

Más educación

Las estafas no son robos a mano armada: siempre puedes negarte a invertir, pero es necesario educarse muy bien antes para ser inmune. La educación financiera y una investigación que no tomaría más que un par de búsquedas en Google y quizás, por las dudas, unas cuantas llamadas telefónicas a los organismos que están personificando los estafadores; pueden salvar todo nuestro dinero.

Las señales de alerta son más bien claras: ganancias irreales, retiros inhabilitados, presión para invertir mucho más, documentos con mala ortografía y, sobre todo, una completa falta de información acerca de cómo exactamente se producirán las ganancias. En este caso, podríamos preguntarnos, ¿haciendo qué con los fondos y criptomonedas? ¿invirtiéndolos en dónde, en qué? ¿dónde están los links, aparte de supuestas capturas de pantalla?

Como mencionó “Alexey” para este caso, los operadores, en realidad, no sabían demasiado sobre finanzas. Se les encargaba “vender emociones”, vender el entusiasmo de ganar más. Así que, con un par de preguntas bien dirigidas, la farsa se derrumbaría desde el principio. Más educación y más suspicacia son la clave para no caer víctima.

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Profesional en Letras en el criptomundo desde 2016. Escritora, investigadora y bitcoiner. Venezolana viviendo en Colombia, interesada en la cacería de estafas. Trabajando por un mundo mejor, con más descentralización y café.

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